In Persona
Me gusta tratar con las personas “en
persona”. ¿Soy redundante? Si, ya sé que lo soy. En mi defensa debo decir que
soy chapada a la antigua, o más bien yo misma soy a mi edad: toda una
antiguedad.
¿Hay algo de malo en ello? Yo creo que no.
A mí me gusta todo lo que un contacto personal conlleva. Dar la mano al saludar es una experiencia única: ¿Cómo se siente ésa mano? ¿Es blanda, fría, suave, fuerte? Mirar a los ojos de quien me habla, ¿de qué color son ésos ojos? ¿Grises, cafés claros, azules, de un color indefinido? Apreciar de cerca los gestos sutiles de mi interlocutor mientras me cuenta ésto y lo otro, especialmente disfruto cuando me cuenta algo que le apasiona.
Cuando ésa persona se reclina confortablemente en el sillón, abre los brazos, apoyándolos cómodamente y confiada ríe.