Ordenando un taxi
Por lo común soy la que viaja en transporte
público y debo decir que a pesar de ello, suelo llegar el 99% de las veces puntual.
Hoy por la madrugada no obstante, debido a la
hora: 03:50 de la madrugada, me ví obligada a ordenar un taxi. He aquí la situación:
puse en el buscador que se me muestre todas las companías de taxi en la ciudad
y comencé a llamar, iniciando con el primer número. Oh sorpresa, me respondió
enseguida una amable voz de una inteligencia artificial. Colgé enseguida.
Segundo número en la lista: AI de nuevo. Volví a colgar y marqué el tercer número.
Nuevamente me responde una inteligencia artificial. Yo tenía aquí dos opciones,
seguir llamando número por número por toda la lista o probar mi suerte ahora y ver
cómo va.
Con recelo pude constatar que ésta Inteligencia
Artificial me trató con enorme respeto y consideración (debido a la hora de
madrugada) y lo que me generó confianza, es que cuando comenzó el
interrogatorio sobre el pedido, ésta AI parecía escribir al instante justo lo
que yo estaba buscando (yo podía oír sus “artificiales dedos” sobre el “artificial
teclado”), aunque en mi fuero interno me imaginé, que de verdad había una
persona al otro lado de la línea que “realmente” estaba tomando mi pedido.
Resultado de todo, cuando dí la dirección, la
AI enseguida contestó, si el taxi debería espera en la puerta del hotel, en la
puerta del restaurant o en la puerta del bar (que curiosamente, yo no sabía), existían
también en el edificio.
Tal cual dijo, un taxi vino puntual a la hora
que se me anunció. Y ya me esperaba con la puerta abierta (después me enteré
por el taxista, es una puerta automática, que ni siquiera debería cerrar yo
misma).
Llegé a mi destino salva y segura. Por el
camino el taxista puso un espléndido Rap en un idioma extrano para mí. Al
momento de bajar y pagar, le pregunté, qué idioma era. Era Albanés.