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miércoles, 12 de agosto de 2026

 

Las manos de quien llora

No se puede sentir en el otro, lo que uno no ha sentido en sí mismo. Como no hay manera de percibir el dolor que se apodera de un ser abandonado, no sin antes uno mismo haber transitado ya por ése oscuro y desesperante camino.

Al muchacho se lo vé desde atrás, pintado sólo desde la cintura para arriba, vistiendo una túnica en bordeaux y una especie de gorro que le cubre parcialmente la cabeza. Su cuerpo encogido en un sollozo reposa entero sobre el dorso de su mano izquierda, cubriendo sus ojos, sus lágrimas, que nosotros no vemos, pero podemos intuir.

De los tres personajes del cuadro, es el muchacho, el encargado de transmitir el mensaje. No es la madre que ruega, ni lo es el padre que ordena, sino el muchacho que porta la incertidumbre de todo lo que a partir de éste momento vendrá.