La hoja
Un sendero
serpenteante atraviesa el campo irregular de pasto, perdiéndose luego en el bosquecillo.
La brisa que
refresca el verano agita suavemente los brazos de los árboles, que recelosos, dejan
caer una que otras de sus hojas; hojas de un color pálido, entre almíbar y
amarillo, que primero flotan en el aire y dubitando caen después no muy lejos
de allí.
Yo, de pie
en la lomita, observo a una de ésas hojas, que flota y flota, resistiéndose a
caer. Hoja que no es hoja, sino mariposa que primero planea por lo bajo, y poco
a poco va elevándose arrancando el vuelo convertida en un punto amarillo en la
distancia, poco antes de desaparecer.